Un reciente descubrimiento de un fósil bien conservado de Devon arroja nueva luz sobre la evolución temprana de los lagartos y sus parientes, como se detalla en una investigación realizada por científicos de la Universidad de Bristol y publicada en Naturaleza. Este fósil, que data del Triásico Medio, proporciona una visión sin precedentes de las características físicas de los primeros miembros del linaje de lagartos conocido como Lepidosauria.
Hoy en día, los lepidosaurios incluyen una amplia variedad de criaturas, como más de 12.000 especies de lagartos, serpientes y el tuátara único de Nueva Zelanda, lo que los convierte en el grupo más diverso de vertebrados terrestres. Los investigadores han reflexionado durante mucho tiempo sobre los rasgos que contribuyeron al éxito evolutivo de este grupo durante millones de años.
Hipótesis anteriores sugerían que los primeros lepidosaurios exhibirían características anatómicas comunes a muchos lagartos y serpientes modernos. Las características esperadas incluían un cráneo parcialmente articulado, una barra temporal inferior abierta y dientes palatinos, lo que permitía a estos animales capturar eficazmente a sus presas. La barra temporal inferior funciona como hueso cigomático en los mamíferos; sin embargo, falta en los lagartos y serpientes modernos, lo que convierte al tuátara, que conserva esta característica, en un punto focal para la investigación de rasgos ancestrales.
Contrariamente a lo esperado, el fósil recientemente analizado mostró características notablemente diferentes. Según Dan Marke, quien dirigió la investigación para su maestría en Paleobiología, este fósil no muestra dientes palatinos ni ningún signo de articulación, aunque sí tiene una barra temporal abierta. Además, el espécimen exhibe dientes inusualmente grandes en comparación con sus parientes más cercanos, lo cual es un hallazgo importante.
Las técnicas avanzadas de imágenes desempeñaron un papel crucial en el análisis, ya que los escaneos de rayos X sincrotrón revelaron detalles intrincados del fósil que de otro modo permanecerían ocultos. El Dr. David Whiteside destacó la importancia del escaneo de alta resolución, posible gracias a la Instalación Europea de Radiación Sincrotrón y la Fuente de Luz de Diamante en Gran Bretaña. Estos escaneos permitieron a los investigadores visualizar pequeños detalles del cráneo, que mide sólo 1,5 centímetros de largo, lo que ayudó a comprender las características de la criatura.
Michael Benton, otro cosupervisor y profesor de paleontología de vertebrados, describió el fósil como cabe en la palma de una mano, pero enfatizó su importancia, señalando que sus dientes triangulares relativamente grandes sugieren que probablemente los usó para perforar y desmembrar los duros exoesqueletos de los insectos, similar a la estrategia de alimentación del tuátara moderno.
Nombrado Agriodontosaurus helsbypetraeLa nueva especie representa una forma previamente desconocida de reptiles primitivos, lo que provocó una reevaluación de la trayectoria evolutiva de lagartos, serpientes y tuátaras. El nombre se traduce como “lagarto de dientes feroces de Helsby Rock”, en referencia a la Formación de arenisca Helsby donde se encontró.
Este fósil, que data de hace 242 millones de años, proporciona información vital sobre la anatomía y las adaptaciones ecológicas de los primeros reptiles, destacando los pasos evolutivos incrementales que conducen a la diversidad que vemos en los lepidosaurios hoy. El Dr. Rob Coram, que descubrió el espécimen en una playa de Devon en 2015, destacó la importancia de encontrar un fósil tan notable en un lugar que durante mucho tiempo ha producido importantes descubrimientos paleontológicos.
Esta evidencia no sólo avanza nuestra comprensión de la evolución temprana de los reptiles, sino que también se suma a la historia actual de cómo los lepidosaurios se adaptaron y prosperaron en una época de cambios ecológicos significativos, justo antes del surgimiento de los dinosaurios.



