Se está produciendo un cambio importante en el panorama hotelero a medida que los alcaldes regionales de Inglaterra obtendrán el poder de imponer impuestos turísticos sobre las pernoctaciones. La medida ha provocado un acalorado debate entre los hoteleros, con preocupaciones sobre su posible impacto en el turismo.
Paul Callingham, presidente de Starboard Hotels Ltd, que opera el hotel Windermere Manor en Cumbria, ha expresado su preocupación por el impuesto. Destacó que imponer cargos adicionales podría disuadir a los huéspedes potenciales, especialmente teniendo en cuenta los desafíos actuales que enfrenta el sector hotelero. Callingham describió el impuesto propuesto como una “carga mayor” para los hoteleros, destacando la necesidad de alivio financiero en lugar de mayor estrés en un momento de recuperación.
Por el contrario, Richard Sim, un empresario con restaurantes y hoteles en Northumberland, ofreció una perspectiva más optimista. Él cree que el impuesto turístico puede ser beneficioso, siempre que los ingresos generados se reinviertan en las comunidades locales. Sim ve el impuesto como un medio para promover el crecimiento y mejorar los servicios públicos, lo que en última instancia podría mejorar la experiencia de los visitantes.
El gobierno ha presentado el impuesto como una herramienta para “desbloquear el crecimiento a través de la inversión”, señalando su intención de canalizar dinero hacia infraestructura y servicios locales. Si bien continúan las discusiones en torno a esta política, el equilibrio entre apoyar el desarrollo comunitario y proteger los intereses del sector hotelero sigue siendo un punto de discordia entre las partes interesadas.



